miércoles, 1 de abril de 2009

BELLEZA, BELLEZA, BELLEZA, por César.

La consigna era recorrer el bellisimo camino que va desde el pueblito de Iruya hasta la finca San Isidro. Un grupo de forasteros urbanos eramos los encargados de llevarla a cabo.
Los carteles recomendaban hacer el recorrido con un guía, pero los lugareños decian que todo consistía en caminar río arriba.
Los lugareños no contaban con nuestra inutilidad... y nosotros tampoco... resultado: nos perdimos.
Por suerte nos siguió un perro que nos indicaba por donde cruzar el río; y más tarde nos encontramos con una guía turistica (70 años) montanda en su bastón 4x4, quien nos ayudó a llegar.
Traté de capturar toda las belleza posible, y aunque siento que ninguna foto puede hacerlo completamente, he intentado reconstruir el camino con estas imagenes, espero las disfruten:













Iruya-San Isidro, provincia de Salta, Argentina.

23 de Marzo de 2009.

lunes, 30 de marzo de 2009

PISANDO EL CIELO, por César.

Tomarse fotos a uno mismo suele ser una tarea ingrata (especialmente en ausencia de trípode).
La mejor manera de hacerlo es tomarlo como un juego, especialmente si se esta en medio de una maravilla de la creación (divina y humana).
En este caso, el juego dió como resultado estas fotos que me encantan y quiero compartirlas con ustedes.
Si alguien me asegura que el cielo será tan bello como este que he pisado, entonces me portaré bien...


Salinas Grandes, provincia de Jujuy, Argentina.
21 de Marzo de 2009.

viernes, 13 de marzo de 2009

ENTRE LA MULTIDUD, Por Walt Whitman

Entre los hombres y las mujeres de la multitud
sé que él me elige a través de secretas
y divinas señales
No reconoce a ninguno de los otros,
ni padre, ni madre, ni mujer,
ni marido, ni hermano,
ni hijo más cercanos que yo.
Algunos se equivocan, pero no él

Él me conoce
¡Oh! amante perfecto
yo deseo que me descubras así
por sendas indirectas y débiles,
porque cuando yo te descubra,
lo haré también
por sendas indirectas y débiles.

domingo, 15 de febrero de 2009

EL ARGENTINO QUE SE HIZO QUERER DE TODOS, por Gabriel Garcia Marquez.

El pasado 12/02 se cumplieron 25 años de la muerte de Julio Cortazar.
Desde hace días que venía pensando en esa fecha, quería compartir algun texto que hiciera las veces de homenaje, de manera de conmemorar ese día en el que un hombre y su obra se hicieron eternos.
Me puse a urgar entre apuntes, libros y fotocopias viejas de la secundaria. Leyendo y releyendo textos de un hombre que me ha marcado y me marca, que me transforma en un niño maravillado, en cada cuento, en cada final abierto.
Encontré este texto que alguna vez mi profe de literatura nos hizo leer, y creo que es ideal, ya que está escrito por otro hombre que me ha tatuado con su magia.
Pocos días depués de la muerte de Cortazar, el Gabo escribía estas palabras llenas de gratitud y respeto, espero las disfruten:

"Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados. A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en que momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible. Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo. Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también las que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer. Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de Lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta, entre peloteros más mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón. Años después, cuando ya éramos viejos amigos, creí volver a verlo como lo vi aquel día, pues me parece que se recreó a si mismo en uno de los cuentos mejor acabados - El otro cielo -, en el personaje de un latinoamericano sin nombre que asistía de puro curioso a las ejecuciones en la guillotina. Como si lo hubiera hecho frente a un espejo. Cortázar lo describió así: "Tenía una expresión distante y a la vez curiosamente fija. La cara de alguien que se ha inmovilizado en un momento de su sueño y se rehúsa a dar el paso que lo devolverá a la vigília.". Su personaje andaba envuelto en una hopalanda negra y larga, como el abrigo del propio Cortázar cuando lo vi por primera vez, pero el narrador no se atrevía a acercársele para preguntarle su origen, por temor a la fría cólera con que él mismo hubiera percibido una interpelación semejante. Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor. Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo. En las muchas que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con la que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez. Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que ha causado su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente. En alguna parte de La vuelta al día en ochenta mundos un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elogías por Julio Cortázar. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo".


Extraído de "Manual de Cronopios" de Francisco J. Uriz (1992).

sábado, 10 de enero de 2009

NOSTALGIA, por MUHSIN AL-RAMLI.

En medio de la invasión insraelí en Gaza, en medio del desconcierto y a pesar de las distancias, no puedo dejar de compartir con ustedes la obra de éste poéta irakí que me estremece y moviliza.
MUHSIN AL-RAMLI, exiliado en España, dice NO a la guerra en Irak, pero al mismo tiempo dice no a cualquier conflicto que arranque a un ser Humano de su Patria, o de su "Matria" como solía decir Unamuno...

NOSTALGIA

El del alma rota llamó:
Oh patria, mi familia, mis libros...
¿Quién me protege de una tristeza
que se reproduce en el alejamiento?
¿Quién va a dar cariño al exiliado
en las noches frías?
¿Quién finge aquel sonido de flauta?
El aceite de la menta
no es más que una imaginación.
Mis nostalgias son...
una menstruación continua.
Mi vida esta cerrada con clavos,...
clavos,
Oh...
ay...
Llévame ave Roc a Bagdad.

Otras poesias del autor:

http://labocadelestomago.blogspot.com/2008/09/no-liberar-irak-de-mi-por-muhsin-al.html

http://labocadelestomago.blogspot.com/2008/09/de-un-lorca-otro-por-muhsin-al-ramli.html

viernes, 2 de enero de 2009

DOS DE ENERO.

El tenis y el rock poco tienen en común. A priori se presentan como dos culturas muy distintas, para muchos, opuestas. Aún así, podría recordar un par de coincidencias, cruces de camino un tanto bizarros, y que en general no han llegado a buen puerto.
Por ejemplo, Guillermo Vilas, el mas grande tenista Argentino, grabo en 1990 un disco solista llamado "milnuevenoventa"; y en 1992 formó la banda llamada "Dr. Silva", con la que grabó un disco que llevaria el mismo nombre de la agrupación. El Disco fue presentado televisivamente en "Ritmo de la Noche"; pero su presentacion oficial fue en el estadio Luna Park.

Material musical enteramente olvidable para mi gusto.

Un jugador contemporaneo de Vilas es también reconocido por su carrera musical pos-tenis, Jhon McEnroe, quien se desempeña como guitarrista y cantante de rock y ha tenido la osadia de hacer presentaciónes en la que hace covers de Jimy Hendrix. Inclusive ha compartido escenarios con el crack argentino.
Pero volviendo al plano local, hay que decir que la osadia mas grande de Vilas, en el plano musical, fue proponerle a Luis Alberto Spinetta la posibilidad de encarar un proyecto juntos
(tal vez la osadia mas grande del flaco Spinetta fue acerparlo). Fue en el año 1979, y de esa union nació el disco "Only love can sustain".
La idea de la producción era lanzar a Spinetta en el mercado norteamericano, por lo que el disco se grabó en los Estados Unidos, contando con la presencia de musicos procedentes mayormente de aquel pais. Mas importante aún, las letras son todas en ingles, y una de ellas le pertenece al mismisimo Vilas: "Children of the bells".

Sabian que Guillermo Vilas es el padrino del ex Illia Kuriaki, Dante Spinetta? Si, asi es.

Pero volviendo al disco, el resultado fue una grabación exelente, perfectamente ejecutada; aunque no tiene nada que ver con la obra spinetteana. El mismo Luis Alberto ha renegado de esta producción, ya que se trata de un disco que no lo representa en lo más mínimo. Uno de los peores, según él.
Hoy, casi 30 años después, el rock y el tenis aparecen entrelazados en otra coincidencia. Pero esta vez el resultado es bastante mas grato.

El equipo argentino de Copa Davis, que hace unas semanas fue derrotado ante el equipo español, será capitaneado durante 2009 por un intelectual, tenista, poeta, ex-hippie, que también escribió una canción para Luis Alberto Spinetta. Se trata de Modesto "tito" Vasquez, graduado en Ciencias Economicas en la Universidad de California, quien ya capitaneó al equipo de copa Davis a fines de los ´80, y quien ya había trabajado junto al flaco, en la grabación del disco "Madre a años luz", editado en 1984.
A todo esto, ¿cómo jugará Spinetta al tenis?
Tal vez sea mejor no averiguarlo, lo que si puedo afirmar es que la letra escrita por Vasquez se transformó en una bellisima canción que el flaco grabó en el disco doble "Spinetta y los Socios del Desierto", uno de los puntos mas altos en la discografia de Spinetta de en lo últimos 20 años. Hay otra coincidencia más, y es esa coincidencia la causa por la que elegí esta tematica para la primera entrada del año: aquella canción se llama "2 DE ENERO".
Espero que tengamos todos un gran año 2009, que sea con salud, creatividad y laburo.
Queda mucho por hacer, pero es tempano, "hoy comienza el 2 de enero".
Aqui va un video con la canción...

Fuentes:

http://www.jardindegente.com.ar/

http://www.ole.clarin.com/notas/2008/12/23/tenis/01827488.html

http://losinconseguiblesdelrock.blogspot.com/